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El privilegio de saber buscar

Aún recuerdo como si fuera ayer aquel caluroso día de verano en el que mi hermana me trajo un CD que tenía escrito con permanente azul “Disco 3”. Un buen amigo suyo de la infancia le había grabado 4 compact disks con música del momento. Una especie de popurrí salvaje en el que música latina, pop y electrónica se congregaban sin mucho fundamento. En realidad, yo por aquel entonces no tenía ni idea de música (y casi dos lustros después casi que así sigo), pero si había algo que pudiera afirmar con certeza a mis tiernos 10 años era, sin lugar a dudas, si algo me gustaba o no. Siendo sincero no recuerdo tan bien como me dio por escuchar el famoso “Disco 3”, pero lo que jamás abandona mi mente es aquella escena protagonizada por mi pequeño yo, sentado en el suelo del salón de mi casa escuchando sus tracks con la boca abierta. Mi padre, enfermo también por la buena música (aunque en otros registros), se había comprado un equipo de música bastante tocho, y yo le daba uso cada vez que podía. Aquel aparato inerte con sus chismes, sus lentes, sus cables y sus botones me mostró el infinito paraíso musical de la música electrónica. Encontré entonces, y tan temprano, el amor por primera vez.

En aquellos años, el internet era algo que pocos comprendían, y que además hacía un ruido de la hostia en el teléfono cuando lo conectabas. Y en una ciudad como la mía, bellísima pero arcaica, de música electrónica no sabía nadie. O al menos yo no conocía. Pero... ¿qué iba a saber un niño tan pequeño? Me pasé, al menos, dos o tres años escuchando las mismas canciones. Pues yo sabía que me gustaban y que, además, no tenía otras que consumir. DJ Karpin y DJ Kultur con su Break Beat característico me rompían la mente de placer electro-acústico. Pero mi necesidad por conocer más y mis escasas posibilidades me generaron una especie de ansiedad mezclada con frustración que me hizo, en el momento que tuve algún medio, beber de todo lo que podía (musicalmente hablando).

¿Qué medios? Un ordenador con internet, que aún lento, ya no te dejaba la casa incomunicada cual búnker de la I GM. Además, os lo quiero explicar para que entendáis lo que esto supuso, pues fue algo que me cambió la vida. Imaginaos por un momento que os gusta nadar. Mucho. Muchísimo. Tanto que no podéis vivir sin ello. Y resulta que cuando os estáis empezando a descubrir a vosotros mismos, solo tenéis unos metrillos para poder chapotear. Lo disfrutas incluso en exceso, pero necesitas más. Y de un día para otro.. el mar. Escribo esto con la media sonrisa que me produce la nostalgia emotiva que me invade ahora mismo. Porque en aquel momento mi dosis de felicidad iría en aumento. Una ilusión enorme me recorría de arriba abajo al saber que por fin podía encontrar nueva música. En serio, era una sensación brutal.  En apenas un año, pasé de tener 10 canciones a tener 1000. Buscaba y consumía música 24/7. Empezó mi yo ‘digger’. Y me curtí bastante pues aún con esos medios, yo no sabía nada. Pues nadie me guiaba, ni había redes sociales, ni era capaz de encontrar los escasos medios online que había. Yo vivía muy aislado de todo, pero nunca dejé de cavar trincheras para refugiarme de una guerra que ya empezaba a ganar.

“Hoy en día ya no se hace música con alma”

Esto dijo una persona en un post de Facebook hace unos meses y es la razón por la que hoy estamos todos aquí leyendo mis rayadas. A su extenso post explicando su punto de vista, totalmente erróneo para mí, le contesté un bastante escueto: “Si de verdad piensas así, es que no sabes dónde buscar”. ¿A vosotros os contestó? A mí tampoco. Y eso que había decenas de comentarios pero el mío no tuvo, ni si quiera, un triste like. Lo que me llevó a pensar lo siguiente “¿En serio hay gente que en 2018 está tan frustrada como yo en aquellos años?”. A veces me da la impresión de que el ser humano, cuanto más avanza, más tonto se vuelve. Porque yo puedo entender que, en mis tiempos de mozuelo, cuando iba buscando oro en la montaña con pala y saco, iba a ciegas. Y lo que yo encontraba podría gustarme o no. Con más o menos intuición al final el componente probabilístico era el que decidía si los temas que pillaba me gustarían o no. ¿Pero hoy? Hoy tenemos de todo y estamos a un click de saber.

Estas cosas pasan cuando dejas que sea la industria la que te lleve y te guíe. Cosa que para mí es un grave error pues el verdadero amante de la música electrónica no espera a que le lleguen los temas, sale a buscarlos. Y para ello necesitas ir bien equipado y tener conocimientos. El primero de todos, saber qué te gusta de verdad, qué estilo te transmite y te llena. Una vez detectada tu debilidad, porque en realidad es eso lo que es, debes abusarla. Aprender de ella, conocer a sus artistas destacados, sus sellos, sus eventos, sus clubs. Y a partir de ahí indagar. Lo tienes todo: RRSS, plataformas digitales, páginas webs, medios online con entrevistas, reportajes.. ya no tienes que pagar la suscripción anual de X revista física y rezarle a Dios para que el repartidor no se pase tu dirección. Lo tienes todo ahí al alcance de tu mano. En mi caso, cada día encuentro nueva música que me llena y me fascina. Me paso la mitad del día emocionado por los nuevos sonidos que encuentro, llenos de alma, desgarrados por cicatrices, que cuentan historias, te ayudan en tus problemas, te cambian el ánimo, te dan baile y te dan descanso. Llevo varios años así y por eso escribo este artículo para intentar animaros. Porque yo muchas veces me digo a mi mismo “no me merezco ser tan feliz” sabiendo de gente que no es capaz de vislumbrar la felicidad, teniéndola delante.

Yo te ayudo amigo. Dos son más felices si uno quiere.

Nota: Después de escuchar los temas que a continuación voy a poner, a ver si alguien se atreve a afirmar que ya no se hace música con alma sin que se le caiga la cara de vergüenza.

Sardel


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